6 de agosto de 2011

Milt Jackson (1923-1999), renovador del vibráfono


“Milt Jackson y yo nos conocimos en 1972 en el Nice Jazz Festival, cuando yo estaba tocando con Charles Mingus. The Modern Jazz Quartet andaba también en el festival, y me sentí bendecido por estar ante la presencia de Milt. Lo admiraba entonces como lo admiro hoy por sus extraordinarias habilidades musicales, su poderosa inteligencia y su maravilloso ingenio. Cuando él toca el vibráfono, siempre me sorprende la pureza de su sonido y la claridad de sus solos. Es una fuente de asombro lo mismo en una big band, en un grupo pequeño o a capella, dada la profundidad emocional de su música y la desvergonzada energía y alegría con la que toca.

30 de junio de 2011

A 15 años del último viaje de Timothy Leary


Estados Unidos se queda sin hombres peligrosos
Ayer, 31 de mayo de 1996, a consecuencia de cáncer de próstata, falleció el hombre al que Richard Nixon alguna vez calificó como "el más peligroso en América": Timothy Leary.

Sin haber podido concretar su amenaza de suicidarse ante la Internet —acto que planeaba como su último signo de re­beldía—, Leary falleció cuando dormía, y según declaraciones de su amiga Carol Rosin, sus últimas palabras fueron: "¿Por qué no?" y "Sí". Mas fiel a su consigna emitida en su home page, que puede consultarse en Internet, sus últimos momentos de vida fueron registrados en video, de manera que podrán ser vistos en el directorio http://leary.com.

14 de marzo de 2010

Ute Lemper: "Canto para enfrentar la historia alemana"


Es vamp por herencia espiritual y es también símbolo de una minoría alemana que voltea con regularidad al pasado para encontrar las más punzantes e inteligentes muestras de lo que la diversión, al amparo de la democracia, puede llegar a ser.

14 de febrero de 2010

Kurt Weill, cronista de la corte de los milagros


Su obra más memorable, escrita entre las décadas de los veinte y treinta del siglo XX, fue pródiga en asuntos que más tarde el rock, interesado en retratar la vida en los márgenes de la moral y la ley, recogió. Sus personajes más célebres son prostitutas, padrotes, tahúres y ladrones.

31 de diciembre de 2009

Anita O'Day, sobreviviente


La aparición del álbum antológico Finest Hour (Verve, 2000) ha contribuido a la coronación, ciertamente tardía, de una de las cantantes de jazz más notables y jubilosas. Con una carrera llena de altibajos, enredada durante ocho años con una droga dura sólo por la necesidad de alejarse del alcohol, y una resistencia superior a la de muchos de sus contemporáneos, O’Day, gracias a este redescubrimiento, sigue musitando insinuaciones con su flexible y ronco timbre.

Cuando empecé a trabajar nuevamente en el Starlite, andaba un poco perdida. Comencé a alternar con todos los personajes del bar: vendedores de droga y sus clientes, no siempre músicos. Eran tipos que querían conocerme porque pensaban que yo tenía dinero. Me invitaban a fiestas donde había mucha droga y bebida. Por supuesto, agarraba unas borracheras de miedo y no puedo jurarlo, pero creo que en un par de ocasiones tragué heroína.

20 de julio de 2009

Éxitos lunáticos

Desde tiempos inmemoriales, trovadores, poetas, juglares y músicos de todo género le han adjudicado a la luna virtudes que cualquier astrónomo descalificaría con una sonrisa desdeñosa. Sin embargo, como más se aprende por el oído que a través de los libros de ciencia, la música ha encontrado en nuestro satélite un pretexto magnífico para ponderarlo como faro nocturno atento a la gloria del amor, al despecho y a la soledad.

Arduo y más allá de los límites de este humilde blog sería lanzarse a la elaboración de una antología de canciones que tengan en la luna su central protagonista. Por ello, prefiero ceñir el territorio a la lista del Top 40 de la revista Billboard durante los últimos 50 años,* explorando exclusivamente las grabaciones que en Estados Unidos tuvieron relevancia y que, aun de rebote, han llegado hasta acá. La relación no es, con todo, absoluta, pero sí deja constancia de que si no es de queso, la luna sigue siendo para muchos un territorio donde, tal vez para vencer la ausencia de fuerza de gravedad, el suelo está inundado de miel.

29 de junio de 2009

Réquiem por un hombre-industria

Suena en este momento "Remember the time", de Michael Jackson, en la mejor versión que conozco: con Lester Bowie's Brass Fantasy, que incluye bestiales solos de Bowie en la trompeta y de Luis Bonilla y Frank Lacy trombones (puedes bajarlo aquí, en Flac o MP3). No hay en casa, de hecho, un solo álbum de MJ como solista. Hay, sí, antologías de Motown donde reluce él con sus hermanos.

Jackson fue uno de esos personajes cuya continua exposición en los medios —centrados en sus filias y fobias, en sus gestos excéntricos, en la pigemntación de su piel, en su vida que de privada no tenía mucho— le restó credibilidad a su quehacer. Su carácter como compositor, intérprete y entertainer quedó sepultado por arrebatos que llegaban —muy cribados— a nosotros luego de transitar por el no menos deformante lente de las agencias de noticias y de los redactores de periódicos o noticiarios.

Para la generación que le tocó ser púber y adolescente en los 80, la noticia del deceso de MJ ha sido tan impactante como lo fue la del nueve de diciembre de 1980 para la mía. Al pasmo de sus fans se añade el hecho de que MJ pensaba regresar a lo suyo, la música, con una extensa serie de conciertos de despedida en Londres y que, de vez en cuando, daba señales de querer limpiar el estercolero amarillista en que se había convertido su imagen pública.

Jackson, igual que Prince, no pudo saltar del peñasco de los 90 al nuevo siglo. Proeza que sí consiguió Madonna. Mas para la historia de las enciclopedias (hoy amenazadas por la aparición de grupos como esporas en la red) quedan sus pasos firmes en muchos terrenos: sin él y sin "Thriller" o "Beat it", la evolución del video-clip habría sido otra; los récords de ventas de sus álbumes grabados en los 80 no sólo importan por sus millones de dólares, sino porque su presencia en millones de hogares representó un reconocimiento contemporáneo a la cultura pop negra regida por el mercado.

MJ, como Elvis Presley, fue un hombre-industria: reformó al mundo del entretenimiento con el apoyo de poderosos artífices (el productor Quincy Jones fue decisivo en Off the Wall). Pero a diferencia de Presley, intentó, en vano, preservar vivo a su niño interno y el rancho Neverland pasó de ser su paraíso a un campo de batalla mermado por la usura informativa.

Con frecuencia, y en tono carente de corrección política, me he preguntado qué hay en la mente de un fan de MJ para seguirlo respetando cuando las muestras de su ego y de comportamiento habían sido tan accidentadas. En lo musical, que es lo que importa, su álbum HIStory fue un pastelazo que acabó en la cara del emisor.

Vendrá un caudal de opiniones y de remembranzas. Es deseable que cuando la blablería (esta nota es un ejemplo) se aplaque, lo que quede a flote sean sus canciones y sus innovaciones. Y que sus tropiezos, a fuerza de ser repetidos y malinterpretados, se conviertan sólo en un anodino anecdotario.

El 9 de diciembre de 1980, en el programa El lado oscuro de la luna, en Radio Educación, Emilio Ebergenyi leyó el guión preparado a toda prisa por Juan Villoro y Claudia Aguirre. Parafraseo mínimamente el final de ese programa, pensando en los fans de MJ:

“Michael Jackson ha muerto. El sueño ha terminado. A sus fans les queda una responsabilidad mayúscula: ahora tendrán que aprender a soñar con sus propios medios”.

25 de julio de 2008

Carl Stalling, nuestro primer maestro de música

Además de que el Pato Lucas siempre será más humano —por celoso, traidor y ambicioso— que cualquier personaje de Disney, las viejas caricaturas de Warner nos dieron un regalo adicional: los collages sonoros de Carl Stalling.